viernes, 17 de mayo de 2013

Clases de literatura por $200 - Novelas, clasificación

Los géneros literarios


Si bien el afán clasificatorio viene desde Aristóteles, hacer una teoría y clasificación de los géneros literarios parece una cosa fácil pero no lo es. ¿Cómo no distinguir una poesía de una prosa, un prospecto medicinal de un ensayo, un cuento de una novela?
Para colmo de males, los humanos tenemos una tendencia a complicar las cosas que es innecesario remarcar. Hasta hace poco tiempo si había una cosa fácil de distinguir eran las poesías. Todos los versos tenían la misma cantidad de sílabas y, si encima le agregábamos la rima, hasta yo era capaz de dictaminar, con seguridad, “poesía”. Pero apreció el verso libre -ni les digo la prosa poética- y ahí se empezó a complicar el asunto. Y así como dije poesía pude decir cualquier otro género.

Desde siempre lo que no entra en alguna de nuestras “categorías” o “no tiene nombre” nos inquieta o nos da miedo (y no sólo en los géneros literarios, ni qué hablar en los otros “géneros”).
Por ejemplo, el gran Humberto Costantini escribió Hábleme de Funes a la que si se le echa una ojeada superficial es una novela policial corta sobre una vieja orquesta de tango, pero resulta que su prosa aparente es poesía en verso libre y, si se toma el trabajo de contar las sílabas, no es verso libre, son endecasílabos perfectos. El tipo ha escrito una tragedia griega completa (en verso, con coro, como la escribían los griegos) y uno, lector desprevenido, cree estar leyendo un novela por no decir una novelita. ¡Hay que tener ganas de complicarnos la vida!

Felices los tiempos antiguos en que había sólo dos estilos; el alto, sublime, elevado, por un lado y el bajo o prosaico por el otro.
De decir esta obra es tal o cual cosa se ocupan los propios literatos, los analistas, el editor y los críticos, que generalmente repiten lo que dice el primero que tocó el tema o un amigo del autor al que le pidieron que escriba el prólogo.
Hoy nos ocuparemos del género NOVELA y de sus posibles clasificaciones.
Si, por una casualidad, estuviéramos de acuerdo en que a una obra dada se le puede aplicar la etiqueta novela y quisiéramos ubicarla de algún modo entre sus pares, el abanico de categorías se abre de tal modo que se hace muy difícil encajarla por completo en alguno de los casilleros.

Las variantes que se nos presentan son amplias: picaresca, epistolar, bizantina, caballeresca, clave, tesis, gótica, histórica, morisca, filosófica, social, pastoril, exótica, policial, policial negra, regional, rústica, sentimental, folletinesca, costumbrista, didáctica, fantástica, rosa, psicológica, romántica, realista, naturalista, social, indigenista, nouveau roman, realismo mágico, barroca, neo-barroca y la lista sigue.
En caso de duda, La Pulpera les recomienda este método infalible para demostrar nuestra condición de conocedores: elegir una de las siguientes opciones: moderna, decimonónica (hay que asegurarse que el autor sea del siglo XIX o haya copiado el estilo) o clásica. Poniéndole alguna de estas tres etiquetas habremos acertado en la gran mayoría de los casos y estaremos a salvo de dudas inoportunas.

Si estas persistieran, hay una clasificación infalible porque engloba todo lo que venga (así sea el prospecto de la olla a presión que se quedó olvidado en la biblioteca o la  guía telefónica): “de ruptura”.
Llamándola de tal modo podemos estar seguros de haber acertado, además de dejar boquiabiertos a nuestros interlocutores con la amplitud de nuestros conocimientos.

Los autores de las ilustraciones son Fernando Vicente (Escritoras) y Argüelles (El editor...)
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jueves, 16 de mayo de 2013

El secreto

Simonimo Simonini, de tanto camuflarse en su oficio de falsificador y espía, termina dudando de su propia identidad. No quiere ser espía pero quiere que los otros crean que lo es, para vender mejor sus informaciones. Para eso recurre a la siguiente estrategia: cuenta lo que ya se sabe (adornándolo un poco) para lograr que le crean.
Trata de conocer el deseo de sus mandantes y falsifica informaciones que los ayuden en la construcción del enemigo que tienen pensado a priori. En la construcción imaginaria (y verosímil) de sus secretos radica su poder, dado que “El secreto que confiere poder es el secreto vacío, el que no existe”.

Umberto Ecco, comentarios sobre El cementerio de Praga, en una charla que pueden ver en youtube. (El resumen es mío, pero las ideas son de él. Cualquier queja se la hacen directamente).


Leo, la protagonista, escribe en secreto novelas rosas, con gran éxito, bajo el seudónimo de Amanda Gris. Más allá de la literatura el personaje va construyéndose como una copia de los modelos de las escritoras que admira. Como su matrimonio se derrumba, se atormenta, entrega al alcoholismo y a los tranquilizantes. Su producción lo refleja. Ya no cumple con los cánones del género y es rechazada. Abrumada por la soledad y el fracaso intenta suicidarse. Su melodramática existencia se mezcla con su escritura. Al final, se descubre el secreto y todo se arregla bien. Aunque su mejor amiga se queda con el marido, ella liga un amoroso angelical, llamado, no casualmente, Ángel, en un final tipo Hollywood, especie de parodia y toque de atención a los espectadores.

Pedro Almodóvar, La flor de mi secreto, 1995, película con Marisa Paredes e Imanol Arias.


Nadie podrá explicar por qué se supo ni cómo. … No había motivos para sospechar. Doña Mariana había vivido siempre en Madrid y sólo vino a Pueblanueva a la muerte de su padre. Entonces la conoció don Jaime.
Pasó un año. Un día regresó… El hijo ya había nacido. No traía con ella criada que estuviera en el secreto y pudiera irse de lengua, ni ella, naturalmente, lo dijo a nadie. Se sospechó, pero ¿por qué? Quizá alguna mujer. Las mujeres adivinan lo que a los hombres nos pasa inadvertido.
… El escándalo de doña Mariana fue un escándalo en voz baja… hasta que Peix, el comerciante de paños, catalán, supo quién…  Peix fue durante una semana el hombre más importante de Pueblanueva. Poseía los datos del secreto y no se los contaba a nadie.
¡Qué crueldad la suya, o qué talento! … Vendió más en quince días de lo que había vendido en un año. Se hicieron amigos suyos quienes jamás lo habían deseado. …
El cuento de doña Mariana fue la base de la fortuna de los Peix, un capitalito muy seguro que los hijos se ocupan ahora de dilapidar. … Se supo que…

Gonzalo Torrente Ballester, Los gozos y las sombras,1971, pág. 20, Alianza Editorial, 1995

Los ejemplos muestran tres modos de abordar el tema de lo secreto. La palabra “secreto” es muy interesante ya que tiene dos acepciones, una como sustantivo y otra como participio pasado del verbo segregar. Es lo que se oculta y guarda celosamente y a la vez lo que se secreta o expulsa. (Me viene a la cabeza preguntarme: ¿las secretarias guardarán los secretos?)
En cualquiera de los casos es indudable que quien posee un secreto tiene el poder sobre algo o alguien y que al decirlo, segregarlo o hacerlo público disuelve ese poder.
En la novela de Torrente Ballester, el secreto se disuelve desde el mismo momento en que doña Mariana no tiene inconveniente alguno en reconocer públicamente que es madre soltera y, lejos de avergonzarse, se ufana de ello. Pero, lo que no les he dicho todavía es quien resulta ser el padre. El padre es…
Disculpen se me está acabando la tinta. Lo contaré en una próxima entrada. De esta manera conservaré el secreto y la atención de mis queridos lectores. En caso de que haya algún ansioso entre ellos, no tienen más que leer toda la novela. Aunque no estoy muy seguro, creo que allí está la respuesta. Eso sí, son 3 tomos.
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jueves, 9 de mayo de 2013

Cuentos para mayores de… Humor

1 Caricias
Un matrimonio mayor está en la cama en una especie de duermevela cuando el marido empieza a acariciar suavemente a  su compañera. Sus manos se deslizan en círculos cada vez más grandes, se detienen morosos en algún lugar, prosiguen…
De repente se interrumpen bruscamente y la esposa, que estaba muy a gusto, dice:
-Dale, seguí, ¿por qué paraste? Estaban tan lindas…
-Ya encontré el control remoto.

 
2 Cianuro
Llega una mujer a la farmacia y pide que le vendan cianuro.
-¿Para qué lo quiere, señora?, -pregunta el farmacéutico.
-Para matar a mi marido.
-Si es para eso, de ninguna manera se lo puedo vender.
La mujer saca de su cartera una foto donde su marido y la mujer del farmacéutico están haciendo el amor y se la muestra. El tipo la observa con cierta sorpresa, la deja a un lado y le dice.
-Con receta es otra cosa. ¿Cuánto quiere?

3 Odontólogo
-Vengo a que me saque los dientes...
-Pero señor, si usted no tiene dientes.
-Sí doctor; acabo de tragármelos.

4 Pediatra
Una mujer lleva a un bebé recién nacido al doctor.  La enfermera los hace pasar al consultorio.
Cuando el médico se presenta, examina al niño, lo mide, lo pesa y descubre que está debajo del peso normal. Pregunta si se alimenta con biberón o con el seno materno.

-Seno materno, responde la señora.
-Por favor señora -dice el doctor- descúbrase los pechos.
La mujer obedece, y el médico toca, aprieta, palpa y oprime ambos pechos, en un examen detallado.  Luego le indica a la señora que se cubra y le dice:
-Con razón el niño pesa poco señora, usted no tiene leche.
-Ya lo sé. Soy su abuela.

5 Pileta
La noche era insoportablemente calurosa.
–No tengo ganas de ponerme nada encima –dijo el hombre a su esposa, después de ducharse– ¿Querida, te parece que los vecinos dirán algo si me baño desnudo en la pileta?
–Probablemente digan que me casé con vos por tu dinero.


Los dos primeros son de mi proveedor habitual, Julio Cazón. El último salió en Playboy hace mil años. Los otros dos no recuerdo a quién se los robé (ni tampoco si tomé la pastilla para la memoria esta mañana).
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domingo, 5 de mayo de 2013

Recetas de cocina (sin garantía)


1 Huevos pasados por agua
“Ponga el agua a hervir en una olla (cuando se forman globitos quiere decir que ya está hirviendo); escoja dos huevos (para una persona) y sáquelos del refrigerador. Póngalos bajo el agua tibia para prepararlos. Coloque cada huevo en una cuchara, uno después del otro, y déjelos caer suavemente en el agua hirviendo. Consulte su reloj pulsera. Sepárelos con la cuchara para impedir que se choquen (los huevos tienden a rodar). Si cualquiera de los huevos se rompe en el agua (ahora hirviendo como loca) y empieza a despedir una nube de una cosa blanca como una médium en una sesión antigua, pésquelo y tírelo a la basura. Tome otro y sea más cuidadoso. Después de 200 segundos o digamos 240 (tomando en cuenta las interrupciones), empiece a sacar los huevos. Póngalos con la parte redonda para arriba en dos copas. Con una cuchara pequeña dé unos golpecitos, tap-tap, a la redonda y trate de abrir una tapa en la cáscara. Tenga a mano un poco de sal y pan (blanco) con mantequilla. Cómalos”.

2 Caldo de congrio
Tome un congrio limpio y desollado. En una sartén con aceite de oliva “…deja el ajo picado / caer con la cebolla / y el tomate / hasta que la cebolla tenga color oro. / Mientras tanto / se cuecen / con el vapor / los regios / camarones marinos / y cuando ya llegaron / a su punto, / cuando cuajó el sabor / en una salsa / formada por el jugo / del océano y por el agua clara / que desprendió la luz de la cebolla, / entonces / que entre el congrio / y se sumerja en gloria, / que en la olla / se aceite, / se contraiga y se impregne. / Ya sólo es necesario / dejar en el manjar / caer la crema / como una rosa espesa, / y al fuego / lentamente…”.

3 Cenas familiares
Cenábamos como siempre flores y manzanas, rosas, mariposas. Desconocidos se sentaron a la mesa, hablando un idioma distinto al nuestro, con palabras que entendíamos y que no entendíamos. Corría jugo de manzanas y tomates…

Cocinas las honguitas, las papas de ruedas níveas.
Con el sartén y el aceite mágico.
Yo te miro asombrada, cerca, de pie. Tengo ocho, cinco, dos años.
Pero, si ya es de noche.
Y estás en el sillón, y nosotras frente a ti, en dos sillitas.
Pasa Soto, el único vecino, qué nombre Soto, va por los rama­jes, cruza todo el soto.

Y en ese lapso, dulcemente, pasaban las cosas. (A veces, con miedo, sí.) Hacías las comiditas en tu cocina. Yo podría contar los nombres, todo detallar, mas nada digo: eran hostias, alimentos sagrados y bullentes. Yo te miraba a través de la ventana y desde un rosal; las rosas, granates, oscuras, místicas, también, como tu saco y tu alma toda.
Yo te miraba desde las margaritas. Cuando tú cocinabas en la eternidad.

 
La primera receta es el famoso huevo del autor de Lolita, Vladimir Nabokov. Más que un simple huevo a la copa es una pequeña joya literaria y una muestra de su irónico humor.
La segunda, como lo habrán sospechado, es parte de la Oda al caldillo de congrio de Pablo Neruda y que se puede leer completa aquí: http://www.neruda.uchile.cl/obra/obraodaselementales2.html
Las tomé de un artículo - Cuisine d’auteur - de la revista de una línea aérea y se deben a su recopiladora, la escritora chilena Elizabeth Subercaseaux.
La tercera, recuerdos de cenas familiares, son fragmentos tomados de:
Marosa di Giorgio, Los papeles salvajes, Buenos Aires, 2008, Adriana Hidalgo Editora.
Es un homenaje de La Pulpera a Marossa, perseverante lectora de este blog, tocaya de la autora y uruguaya para más datos.

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viernes, 3 de mayo de 2013

Clases de literatura por $200 * -Técnicas para la escritura


Continuamos las clases de literatura, esta vez a cargo de un profesor invitado: Enrique Gallud Jardiel, valenciano, escritor y Doctor en Filología –nieto del comediógrafo Enrique Jardiel Poncela – con cuya autorización publicamos lo que hemos extractado de su exquisito blog Humoradas:
http://humoradas.blogspot.com.ar/2013/03/mil-caperucitas.html
El artículo completo y otras páginas se pueden leer directamente allí.

*Ustedes habrán notado un aumento en el precio que espero sepan disimular. Aunque Enrique ha cedido gratuitamente su trabajo, la inflación es inexorable;  los trámites, los permisos de importación, los costos marginales y otras yerbas nos han puesto en la obligación de trasladarles esta pequeña molestia.
De ninguna  manera vayan a pensar mis compatriotas argentinos que se trata de una adhesión a la campaña desestabilizadora del senador Sanz, Mauricio Macri, los nostálgicos de la dictadura militar, las multinacionales, el grupo clarinete, la mesa de enlace, la embajadora de los EEUU y las exportadoras de granos.

Cómo escribir sin pensar (Caperucita Roja)

Con la generosidad que me caracteriza voy a ir desvelando algunos de mis procedimientos de creación literaria sin cobrarles a ustedes ni un sólo euro.
¡No dirán que no soy majo!
Lo haré en diversos escritos que respetarán exactamente el orden y la frecuencia que a mí me apetezca, porque esto es un blog y no un temario.

Hoy hablaremos de argumentos y sus variaciones, para cuentos, novelas, ensaladas, postres, lo que surja. Mi procedimiento consiste en aplicar a una base argumental conocida (yo emplearé Caperucita roja) diversas variantes fijadas de antemano. Las combinaciones son muchas (no mil, como he dicho en el título, exagerando andaluzamente, pero sí bastantes).

PROCEDIMIENTOS:
Duplicación
Caperucita tiene una hermana gemela. Una es buena y la otra es mala. El lobo las confunde.

Complicación
Hay dos abuelitas que viven en sitios distintos y las hermanas se juegan a los chinos quién va a llevar la cestita a la abuela que da mejores propinas. Las posibilidades, como se ve, son amplias.

Fusión
Caperucita va al bosque y se encuentra a los siete enanitos y a Blancanieves, que se pone celosa porque Caperucita es más joven y está más buena que ella.

Inversión
El lobo es bueno y caperucita lo quiere matar (porque es pérfida) para, con su cola, hacerse un látigo para sus juegos sexuales con el leñador. El lobo huye y, por error, busca refugio en casa de la abuelita, que es más mala que su nieta y guisa al lobo en una salsa de moras y jerez.

Misterio
Caperucita dice que va al bosque, pero todos en el pueblo saben que no es verdad, aunque lo ocultan a los forasteros. ¿A dónde va la niña? No se descubre hasta el final.


 
 
Hagan la prueba y verán que la eficacia del método compensa con amplitud el costo. Suerte a todos y todas.
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sábado, 27 de abril de 2013

Los escritores descienden de los trenes


Salvo para unos pocos afortunados, el oficio de escritor es ejercido junto con otros realizados paralelamente. Demos una mirada a esas actividades sin intenciones polémicas sino más bien con espíritu curioso y clasificatorio.
El periodismo y la enseñanza de las letras predomina, como era previsible, como una de las actividades alternativas más difundidas entre los escritores. También la abogacía y el psicoanálisis (desde la segunda mitad del siglo XX en la Argentina) son un semillero de autores, cosa entendible ya que se trata de gente que trabaja en estrecha relación con las palabras.
Pero no todos tienen oficios relacionados; Antonio Dal Masetto, por ejemplo, fue albañil y pintor de obras; Joseph Conrad, Capitán de barcos mercantes; y uno de los grandes poetas españoles, Miguel Hernández, pastor de cabras.
Es larga la lista de escritores que además eran jueces o diplomáticos, pero aquí la relación se invierte: la actividad principal es tan descansada, reposada y llena de tiempos libres, que la escritura deja de ser la subsidiaria. El tema jueces, diplomáticos y otras alimañas versus literatura es bastante jugoso y tiene mucha tela para cortar, por lo que amerita una próxima entrada  sólo para él.

Hoy quiero hacer hincapié en otro oficio muy relacionado con la escritura, pero en segundo grado: el de ferroviario. Por alguna misteriosa razón, o sin ella, numerosos escritores son hijos de ferroviarios. Veamos:
María Elena Walsh, poeta y música argentina. Su padre era un funcionario inglés de los ferrocarriles: era el jefe de la Estación Ramos Mejía, en la que residía con su familia.
Camilo José Cela, el escritor español premio Nobel, autor de La colmena y de La familia de Pascual Duarte, de padre español y madre inglesa, tenía un abuelo, John Trulock, que fue gerente de la primera línea ferroviaria gallega.
Manuel J. Castilla, gran poeta argentino (padre de otro poeta, el Teuco Castilla), autor de El gozante y de muchas canciones folklóricas, era hijo de ferroviario, del jefe de la estación Alemanía (sí, con acento, Salta- Argentina).
Pablo Neruda, el poeta chileno premio Nobel, era hijo de un ferroviario de Temuco.
Daniel Salzano, poeta y periodista cordobés (Argentina) tiene doble ligazón con ese oficio: es hijo y nieto de ferroviarios de los Talleres de Cruz del Eje.
Rainer María Rilke, poeta chechoeslovaco, era hijo de un militar y oficial ferroviario.
Pär Lagerkvist, escritor sueco premio Nobel 1951, autor de El enano y Barrabás, era hijo de un jefe de estación de ferrocarril en el sur de Suecia.
Atahualpa Yupanqui, músico y poeta argentino, era hijo de ferroviario, “de un ferroviario pobre con libros”, decía.

La lista es más mucho más larga, casi infinita; pero la muestra seleccionada, que incluye a tres premios Nobel junto con otros cinco grandes poetas, es lo suficientemente llamativa como para poner al pensamiento, la imaginación y la intuición detrás de ver si hay algún hilo invisible relacionando los dos oficios. ¿Tendrá algo que ver la cuestión del ritmo del golpe de las ruedas sobre los rieles? ¿O el llevar y traer cosas y personas dejará historias desparramadas? ¿Podremos desentrañar “el misterio de adiós que siembra el tren”?*
A lo mejor a algún lector se le ocurre algo, mis neuronas no se dan por aludidas.


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Barrio de tango (1942)
Tango de Aníbal Troilo (música) y Homero Manzi (letra)

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.

lunes, 22 de abril de 2013

Menús literarios


Las relaciones entre la gastronomía y la literatura son tan estrechas que hasta comparten el nombre de uno de sus platos/obras: el entremés, que nombra tanto a los alimentos de una picada como a unos dramas jocosos que se representaban entre comedias.
Los menús que traemos hoy incluyen una exquisita lista de platos tomados de dos obras maestras de la literatura latinoamericana: El recurso del método del cubano Alejo Carpentier y Redoble por Rancas del peruano Manuel Scorza.
En el fragmento de El recurso… hay un recorrido completo por los mejores platos de la cocina caribeña contados con un salero que da gusto y en el de Redoble… un paseo por toda la gastronomía peruana (con excepción de la costeña) como para hacer un banquete para el recuerdo.
Como la bebida no está incluida, por favor vayan a buscar el vino o lo que prefieran, desplieguen las servilletas y pónganse cómodos.

Las matronas se dividieron las tareas: doña Magda de los Ríos, la Alcaldesa, ofreció su célebre ají de gallina; doña Queta de Valerio, la Subprefecto, comprometió su famosa carapulca a la morena; doña Queta de Cisneros, prometió sus tamales, tan celebrados en una oportunidad que se los suplicó el mismo Prefecto de Cerro de Pasco. Se tramó una babilónica cuchipanda: lechones asados rellenos con nueces y manzanas, caldos de cabeza de carnero pelada con ceniza, humitas de sal y dulce, el lujurioso arroz con pato a la chiclayana, el pícaro cabrito a la norteña, la ampulosa papa a la huancaína y la ocopa a la arequipeña, verdadero pecado de obispo. El Opus magno sería una grandiosa pachamanca*. Bajo su perfumado volcán decorado con una banderita peruana, la Benemérita se comprometió a enterrar todos los animales provenientes de decomisos.

Manuel Scorza, Redoble por Rancas, 1970, Caracas, Monte Ávila Editores.


*especie de curanto o puchero condimentado con ají que se asa entre piedras caldeadas o en un agujero que se abre en la tierra cubierto con piedras calientes.



Varias bandejas y platos presentaban, como dispuestos en suntuoso bodegón tropical, los verdores del guacamole, los rojos del ají, los ocres achocolatados de salsas donde emergían pechugas y encuentros de pavo, escarchados de cebolla rallada. Alineadas sobre una tabla de trinchar, había chalupitas y enchiladas, junto al amarillo de los tamales envueltos en hojas calientes y húmedas, que despedían vapores de regocijo aldeano. Había cambures  fritos, de los maduros, de los pintones –esos que habían aplastado a puñetazos–, de los menudeados en finas lascas gracias a los cepillos de carpintería. Y las frituras de batata, y las barquillas de coco doradas al horno, y aquella ponchera donde en mezcla de tequila y sidra española, de las que allá se tomaban en las bodas campesinas, flotaban cáscaras de pina, limones verdes, hojas de menta y flores de azahar.

Alejo Carpentier, El recurso del método, 1974, Buenos Aires, Losada.
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viernes, 19 de abril de 2013

El horizonte


He contado esta historia varias veces sin que a nadie le interesara demasiado. Como a mí todavía me fascina, va de nuevo.
Un hombre nacido y criado en Ushuaia (Tierra del Fuego), próximo a cumplir cuarenta años, no había salido jamás de la ciudad y sus alrededores. Toda su vida la había pasado ahí, rodeado de montañas.
Sus amigos le regalan un viaje “al norte” y él elige Río Gallegos (¡!) como destino. Parte en un vuelo de Aerolíneas y regresa a la semana. A la vuelta todos lo acosan con preguntas sobre el viaje y lo que más le había impresionado.
–En Gallegos, si mirás a lo lejos, las cosas llegan más allá de donde alcanza la vista.
Había descubierto algo extraordinario: el horizonte, cosa que nosotros –habitantes de la llanura– no vemos por encontrarlo muy natural.

Siempre pensé que en el horizonte (y más allá) había una historia para contar. Una historia sobre el misterio y la atracción que esconde esa línea infinita y difusa. Pero los intentos de pasar las sensaciones al papel fueron infructuosos. Ahora que acabo de encontrar un cuento que lo hace maravillosamente, me siento tan contento como si lo hubiera escrito yo y les dejo un fragmento para compartirlo.

Voy a hacer la valija para salir bien temprano. Tengo que poner las camisas, el sombrero Boongala que traje de Nueva Zelanda. Ya cerré la llave de paso. Ahora voy a dejarle una nota a la señora que limpia.
…Es curioso, por lo tanto, que en estos años no haya logrado escribir una línea sobre el desierto, que tanto me desvelaba.
Zambullirse en aquellos sitios debe haber sido horrible. La Berta nos hacía leer un libro. Qué impresión decía el loco Sarmiento, debía causar a la gente el simple acto de clavar la mirada a lo lejos y no ver prácticamente nada. Porque a medida que hundieran los ojos en aquella franja vaporosa, serían atacados por la fascinación y la duda. ¿Dónde terminaría aquel mundo impenetrable? ¿Qué habría más allá del horizonte? La soledad, el peligro, la muerte. El que llegara a pasar por ahí, aseguraba, sería asaltado por pesadillas que lo harían soñar despierto.
Bueno, creo que ya he juntado el coraje para mandarme al desierto. Posiblemente parta muy pronto.
…son esas pequeñas visiones las que lo llevan a uno a salir de casa, a cargar el tanque de antimateria y remontarse al espacio.

Eduardo Belgrano Rawson, Perdidos en el desierto, cuento que está en El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos, Buenos Aires, Aguilar, 2006.


El cuento completo aquí:
http://escritossudacas.blogspot.com.ar/2008/01/perdidos-en-el-desierto-otro-relato-de.html

Pacheco no fue, otro cuento del libro se puede leer acá:
http://www.prisaediciones.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/200601/primeras-paginas-el-mundo-se-derrumba-y-nosotros-nos-enamoramos.pdf

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lunes, 15 de abril de 2013

Yuyos folklóricos -2-


Hay hierbas, flores y yuyos para todos los usos que uno pueda imaginar; desde condimentar comidas y perfumar relaciones amorosas hasta curar dolores de estómago y del alma.
Estas canciones de nuestro folklore hablan de ellos con amor, como se merecen:

Zamba de los yuyos – Zamba de los Hermanos Ábalos (letra y música)
Vendedor de yuyos – Canción de Pablo del Cerro (música) y Atahualpa Yupanqui (letra)
Yerba buena – Zamba recopilación de Leda Valladares y M. Elena Walsh
El buen remedio – Gato de Carlos Montbrun Ocampo (música) y H. Videla Flores (letra)

Este último ha sido difundido nuevamente en el marco del proyecto “Viejas partituras” de la Biblioteca Nacional Argentina. El autor era un músico muy popular hacia 1930/40, pionero en la difusión del folklore cuyano. Para esa época formó el conjunto: “Las alegres fiestas gauchas” que tuvo integrantes de lujo: Eva Rivero (hermana de Edmundo), Félix Pérez Cardozo (el gran músico paraguayo) y un tapado: Atahualpa Yupanqui.

En este enlace se puede escuchar El buen remedio, en la exquisita versión de Juan Quintero:
http://www.youtube.com/watch?v=2d3AS-w0cRM

Acá pueden escuchar un poco de Vendedor de yuyos al tranquilo modo de Soledad Villamil:
http://www.soledadvillamil.com/home/vendedor-de-yuyos/

Acá van algunos fragmentos con la intención de tentarlos:

Zamba de lo yuyos
Bailarín, zambeador,
vidalero, malambeador,
y por ser santiagueño, además
soy medio bombisto de profesión.


Yuyos hay para el mal...
otros que hacen engualichar...
yo conozco un gualicho mejor, chinitay:
zamba de los yuyos pa´enamorar.


Vendedor de yuyos
“Poleo, carqueja, flor de romerillo,
yuyos milagreros, yerbas pa' olvidar ".
Llenabas las siestas con tu voz de grillo,
cuando aparecías por el arenal.


Yerba buena
Ayer planté yerba buena,
Y hoy se me ha…  y hoy se me ha

vuelto cilantro.
Así se me van volviendo
prendas que he… prendas que he

querido tanto...!


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martes, 9 de abril de 2013

K, el protagonista de El proceso

Más sobre Kafka y el Derecho Romano  

Siguiendo con la hipótesis de Davide Stimilli acerca del nombre K –y de su relación con instituciones del derecho romano– que tienen los protagonistas de las novelas de Kafka El castillo y El proceso, hoy he seleccionado fragmentos del ensayo donde Giorgio Agamben desarrolla el tema referido al Joseph K. de esta última.

Kalumniator
1.
En el proceso romano… la calumnia representaba una amenaza tan grave para la administración de la justicia, que se castigaba al falso acusador marcándole sobre la frente la letra K (inicial de kalumniator).

La letra K, sugiere Stimilli, recordando que Kafka mientras se preparaba para la profesión legal había estudiado historia del derecho romano, no se refiere a Kafka, según la opinión común que se remonta a Max Brod, sino a la calumnia.

2.
Que la calumnia represente la clave de la novela… la letra K no reenvía simplemente a kalumnia sino que se refiere al kalumniator, es decir , al falso acusador, esto sólo puede significar que el falso acusador es el propio protagonista de la novela, que, por así decirlo ha intentado un proceso calumnioso contra sí mismo.*
…esto es lo que muestra una lectura atenta de la novela más allá de toda duda. En efecto, aunque K. sepa desde el principio que no es en absoluto cierto que el tribunal lo haya acusado (“Yo no sé si usted está acusado”, le dice el inspector ya en la primera entrevista) y que, en todo caso, su condición de “arrestado” no implica ningún cambio en su vida, busca por todos los medios… provocar un proceso que los jueces no parecen tener ninguna intención de iniciar.


3.
Todo hombre entabla un proceso calumnioso contra sí mismo. Este es el punto de partida de Kafka. Por ello su universo no puede ser trágico, sino sólo cómico: la culpa no existe o, más bien, la única culpa es la autocalumnia, que consiste en acusarse de una culpa inexistente (es decir, de la propia inocencia, y este es el gesto cómico por excelencia).
Este punto concuerda con el principio, enunciado en otro lugar por Kafka, por el cual “el pecado original, el antiguo error que el hombre cometió,”…
Hay calumnia, en efecto, sólo si el acusador está convencido de la inocencia del acusado, si acusa sin que haya causa alguna que verificar.

El acusado, en cuanto se autocalumnia, sabe perfectamente que es inocente; pero en cuanto se acusa, saber igualmente que es culpable de calumnia, que merece su marca.


4.
La calumnia era percibida por los juristas romanos como una desviación de la acusación.

El proceso romano se inicia, de hecho, con la nominis delatio, la inscripción, por parte del acusador, del nombre del denunciado en la lista de los acusados.


5.
La autocalumnia forma parte de la estrategia de Kafka en su incesante cuerpo a cuerpo con la ley. Esta pone en primer lugar a la culpa, al principio por el cual no hay pena sin culpa.


Fragmentos tomados de:
Agamben, Giorgio (2011): Desnudez, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, pp. 31-45.

 
* (lo que sigue es mío)
Cada quien sacará sus propias conclusiones, pero hay una reflexión sobre la culpa judeo-cristiana que en el caso de la religión católica se puede resumir así: si admitimos el concepto de pecado original –sabiendo que es una falacia porque no debe haber nadie más inocente que un recién nacido– somos culpables del delito de calumnia, es decir de falsa acusación, aunque esta haya sido hecha contra nosotros mismos. Y esto genera culpa, porque  sabemos que la acusación es falsa.
Hace unos días he visto este mensaje muy bien sintetizado en unas pocas palabras. Estaba escrito en la pared de la iglesia Nuestra Señora del Socorro, Juncal y Suipacha, ciudad de Buenos Aires: “Si te reconoces pecador, el Señor te admitirá en su iglesia”.
Dios nos libre… o mejor, librémonos de un dios así.

Las ilustraciones son: Franz Kafka por Sciammarella y Paraiso pr Walpok.
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viernes, 5 de abril de 2013

Tangos yuyeros -2-

Continuamos con tangos que nos llevan para allá, por ese camino de donde no se ha de volver... sin recuerdos.


Malena –Tango - música Lucio Demare, letra Homero Manzi
Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.



Yuyo verde – Tango – música de Domingo Federico, letra Homero Expósito
Déjame que llore crudamente
con el llanto viejo adiós.
Donde el callejón se pierde
brotó ese
yuyo verde
del perdón
.
Déjame que llore y te recuerde
-trenzas que me anudan al portón-
De tu país ya no se vuelve
ni con el yuyo verde
del perdón.


El mate de la china Canción letra Pascual Contursi, música Bernardino Teres

En cambio pa’ usté he cebado
un mate con buena yerba
pa’ que no sienta con él
ni disgustos ni tristezas,
por si tiene pa’ olvidar
un amor o alguna pena,
o pa’ que tomen juntitos
con el mozo que la quiera...
 

Yuyo brujo – Tango – música Héctor Varela y Benjamín García, letra Carlos Waiss

Nena,
tengo dudas, tengo celos,
tengo miedo, mucho miedo
que me puedas decir no.
Yo no sé qué loco embrujo
le pusiste al yuyo brujo
que le diste al corazón.

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